Lamela no pide perdón. Está “muy orgulloso” de lo que hizo con los médicos del Severo Ochoa de Leganés. No sólo no se arrepiente sino que “volvería a hacerlo”. El político perdido y hallado en la nieve ha vuelto de esquiar para seguir patinando. Hoy habló al fin y se reafirmó en sus tesis; como si no hubiese sentencia firme contra su caza de brujas. El consejero del Gobierno de Esperanza Aguirre (ahora en Transportes, antes en Sanidad) se encastilló en las mentiras con las que el PP y su coro mediático afrontan el varapalo judicial. A saber, dos falacias: la trampa estadística y la prueba diabólica.

La trampa estadística

“El servicio de urgencias del hospital Severo Ochoa de Leganés pasó de los 203 fallecidos del año 2004 a los 99 de 2007”, dice el PP en el argumentario que ha repartido entre sus dirigentes. El dato es cierto, pero esconde dos trampas. La primera, que en el año 2004 aún no funcionaba a pleno rendimiento el vecino Hospital de Fuenlabrada. La segunda, que la Comunidad de Madrid, después de cesar a Montes, ordenó al hospital que los pacientes que estaban a punto de morir en urgencias fueran trasladados a planta, hubiese camas o no. Uno de ellos falleció en el ascensor.

La prueba diabólica

“Que no haya podido probarse no significa que no hubiese mala praxis”. La frase es de Juan José Güemes, el actual consejero de Sanidad de Madrid. En derecho, a esta falacia contra la presunción de inocencia la llaman probatio diabolica, un concepto que viene de los tiempos de la Inquisición: si un reo confesaba bajo tortura, era culpable; y si no lo hacía, también, porque eso demostraba que el diablo le había dado fuerzas para resistir. Por las mismas, que no haya podido probarse no significa que Güemes no sea tan honrado como su suegro, el siniestro Carlos Fabra.

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Otra mentira más, ésta en la larga cuenta de Eduardo Zaplana: “La Consejería de Salud de Madrid no hizo nada más que entregar al fiscal 400 denuncias“, dijo esta semana en 59 segundos. Al portavoz del PP le fallan algunos números: no eran 400 denuncias, era una denuncia anónima donde se acusaba a los médicos de 400 asesinatos.

En realidad, fueron dos denuncias. Hubo otro anónimo, dos años antes, que también se investigó y también quedó en nada. La novedad fue que esta vez la Comunidad de Madrid hizo algo más: dar pábulo al anónimo (otra similitud con la Inquisición), ponerse al frente de la campaña y considerar a los médicos culpables hasta que se demostrase lo contrario.

Y lo contrario se ha demostrado. Y les ha dado igual.

Fuente: Escolar.net