CGPJ no son las siglas de un partido político, aunque muchos días lo parezca. La Congregación General Patriótica de la Justicia ha estado muy activa esta legislatura: se ha opuesto a los nuevos estatutos autonómicos, ha criticado la reforma del divorcio, ha intentado parar la ley contra los malos tratos y hasta encontró pegas al matrimonio homosexual. En un informe sonrojante, los políticos del CGPJ llegaron a decir que, si los gays se casaban, lo siguiente sería una boda polígama o un enlace entre un hombre y un animal (sin toga). O dos peras y una manzana.

Han opinado de casi todo. Sólo callaron cuando Garzón pidió su ayuda ante los conspiranoides del 11-M.

Al CGPJ, el partido con más poder de toda la oposición, sólo le votó un español: José María Aznar. El sistema por el que se rigen los jueces es complejo, pero se resume fácil: al Consejo General del Poder Judicial, que es quien manda en la Justicia y decide quién asciende, lo nombra el Congreso.

El CGPJ que ahora padecemos es de mayoría conservadora porque fue nombrado en época de Aznar. Han pasado más de tres años desde la victoria de Zapatero y al actual Consejo le toca retirarse. Gobierna en funciones, como si nada hubiese cambiado. El PP ha bloqueado su renovación para que las urnas no se noten en la justicia. Esto, en ajedrez, se llama tablas. En democracia, es una simple estafa.

Fuente: Escolar.net