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El último de los procesos de negociación con ETA solo ha sido diferente de los anteriores en la irresponsable conducta del Partido Popular. Se podrá criticar algunos aspectos y formas de la negociación, pero no el derecho a realizarla si el Gobierno entendía que había una sola oportunidad. En definitiva, el Gobierno tiene derecho a equivocarse y se le puede criticar por ello; pero no se le pueden reducir las posibilidades para intentar lo que otros hicieron mientras no exista un consenso básico del Parlamento en ese sentido.
Si el PP tuviera sentido de la responsabilidad, abandonaría la liturgia insoportable de la exigencia del Pacto Antiterrorista –como excusa para utilizar la existencia de ETA en su propio beneficio- para ponerse al servicio del Gobierno en la lucha antiterrorista. Tendría que empezar por reconocer que es al Gobierno a quien le asiste el derecho y también la obligación de dirigir la política antiterrorista frente a la pretensión del PP de ser ellos quienes la deciden. El tema no es recurrente sino de rabiosa actualidad porque ETA se empeña en envidar aunque sus cartas son cada vez peores.

Habría que empezar a considerar amplificar la respuesta frente a las amenazas de ETA. El requisito necesario es la reconstrucción de la unidad antiterrorista y es posible que para ello haga falta esperar a la celebración de las elecciones generales porque no es imaginable una rectificación del PP sin el requisito de perder las elecciones.

ETA utiliza las negociaciones como un mecanismo de progresión del terrorismo. Se sienta a negociar con unas pretensiones imposibles de satisfacer y cuando se termina el recorrido vuelve al punto de partida. Ha ocurrido en cada uno de los intentos que han llevado a cabo los sucesivos gobiernos de España y no creo que haga falta más procesos para convenir en lo inconveniente e inútil de un nuevo intento.

Es verdad que ETA es cada vez más débil y que los procesos de negociación le restan el poco crédito que le queda en cuanto a su disposición a abandonar la violencia de forma concertada.

Quizá, cuando las condiciones de unidad entre los partidos vuelvan a estar dadas, habría que conciliar un pacto para que nunca más se pudiera repetir un proceso de diálogo sin las garantías de que ETA no pueda volverse atrás. Me parece que, a la vista del atentado de la T-4, es la consecuencia lógica imponer esa condición imprescindible, dado que la palabra de ETA, comprometiéndose a una tregua o alto el fuego, ya no vale nada. La alternativa que nos queda frente al terrorismo es perseguir la organización y sus cómplices hasta hacerla desaparecer o que se quiera rendir.

La respuesta frente a cada nueva amenaza de ETA debiera ser unánime y mecánica: no hay nada que hablar salvo que anuncien su rendición. La única alternativa que les queda es la cárcel y, a la vista de los éxitos policiales en España y Francia, la desarticulación definitiva de ETA no es en absoluto una utopía. Cuestión de tiempo. Esa es la espiral que ha elegido ETA para terminar sus días.

Fuente: Carlos Carnicero en El Plural.com